Política puertorriqueña vista a través del World Baseball Classic

El mes pasado se celebró el World Baseball Classic (El Mundial de Béisbol) en el cual Puerto Rico tuvo una tremenda racha de victorias derrotando a los E.E.U.U. y Japón, ambos grandes potencias del deporte, hasta llegar a la final donde fue derrotado por la vecina República Dominicana.

Como era de esperarse, cada juego fue acompañado por actividad incesante en las redes sociales, tanta que Puerto Rico llegó a “trend” en Twitter en varias ocasiones. En Facebook una conocida mía yuxtapuso un “screenshot” de dos “posts” de dos individuos que no se conocían cuales, sin embargo, parecían responderse el uno al otro. El primero decía: “¿Están celebrando porque el deporte resuelve los problemas económicos de Puerto Rico?</sarcasm>” mientras que el otro decía: “En verdad no veo la relación entre los deportes y la política. ¿No pueden disfrutar de una sin hablar de la otra?” Aunque no me alíneo enteramente con el primero en el que los problemas políticos y económicos deban impedir el disfrute del deporte, tampoco concedo al segundo que la política y el deporte sean cosas desligadas. Al contrario, en una pequeña muestra de expresiones hechas en las redes sociales, se traslució el pensamiento político popular puertorriqueño; entre el torrente de tuits de #puñeta y #mofongopower se discernían temas políticos que por tiempo han ocupado a Puerto Rico.

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De la cuenta oficial de Twitter de Calle 13, agrupación puertorriqueña, a veces controversial, salió este tuit: “@Calle13Oficial:Ganamo!!! Ganamos!!! Puerto Rico!!!! Puñetaa!! Sacamos a USA de su deporte junto con la ayuda de RD [República Dominicana]. El Caribe dominando!” Con este tipo de expresión se busca solidaridad con América Latina a la vez que se busca distanciarse de  E.E.U.U.  E.E.U.U. es visto no como un mero contrincante, sino como una entidad antagónica. También sería consistente con este pensar la idea de que una relación más estrecha con  E.E.U.U. implicaría darle la espalda a Ibero-América, lo cual sería causa de vergüenza y deshonra. En una rama de pensamiento similar, colocaría al hispanófilo y al “patriota” que también tendrían cierta antipatía hacia E.E.U.U. porque ven el nexo político con ellos como algo que desvirtúa y corroe la cultura puertorriqueña y el español, tradiciones que serían, para ellos, más venerables. Al fondo de esto yo sólo veo el tema fundamentalmente humano de “nuestra tribu versus la de ellos” y un sentir de que la cultura ha de mantenerse siempre intacta en su “estado dorado”. Quizá es tiempo que Puerto Rico despliegue una cultura más humanista y abarcadora que no sea tan celosa de “nuestro terruño” y lo local. Cierto es, muchas veces el puertorriqueño de la isla le niega la puertorriqueñidad hasta al de la diáspora y tilda su concepción de la cultura como ilegítima.

Esta cita la encontré en Facebook: “[¡]Ultima hora[!] Obama le escribió [a] Alejandro (actual gobernador de P.R.) y le acaba de decir acepto el plebiscito de Luis Fortuño (pasado gobernador)[;] quiero que P.R. represent[e] a E.E.U.U.[;] son estado.” Esto muy bien podría caracterizar la “baja autoestima” con la que algunos puertorriqueños se visualizan dentro   de la relación con  E.E.U.U. Es como si P.R. tuviera que validarse para poder ser aceptado por E.E.U.U.  Hay  quienes piensan que por razones de etnicidad o lenguaje jamás nos aceptaría. Creo que este pensar se desprende no sólo de un historial real de discriminación y opresión en el pasado, sino también de una visión que supone que E.E.U.U. sólo hace concesiones a P.R. cuando goza de su favor por lo que P.R. siempre tiene que procurar “congraciarse” con E.E.U.U. proyectando una buena imagen. Para dar un ejemplo, cuando un estadista mete las patas hablando inglés, es muy común que gente de afiliación estado-librista (pro status quo)  o independentista le responda con “Así no se puede pedir la estadidad.”

Los estadistas pensarían que E.E.U.U. culipandea y actúa como un padre que rechaza su cría, y es que aunque los puertorriqueños tienen “ciudadanía americana”, no pueden participar en las elecciones presidenciales ni las del Congreso; el único delegado de Puerto Rico al Congreso, el Comisionado Residente, no tiene derecho al voto. E.E.U.U. dice por un lado que honraría los deseos de Puerto Rico, pero tampoco sale de sí impulsar una solución al dilema del estatus de P.R. y se escuda bajo la “democracia” y el derecho a “la libre determinación” en cuyo nombre jamás se atrevería a imponerle un estatus a P.R. sin que éste sea avalado por una mayoría decisiva en Puerto Rico. Claro, también es cierto que este impasse le conviene a los estado-libristas y a los puramente independentistas ya que previene el desenlace indeseable de la estadidad. Si es que E.E.U.U. realmente ama a su cría, pues han tenido suerte puesto que desde los años cincuenta ningún plebiscito ha sido decisivo por lo que E.E.U.U. ha podido, sigilosamente, engavetar los resultados y nunca  ha tenido que declarar si “¿desprecia a su cría o no?”

Otro modo de pensar que he reconocido hasta en los chiquitos lo pude apreciar en un “meme” donde sale Joe Biden con la cara fruncida mientras Obama le susurra algo al oído. Este en particular decía: “¡Oye! Si los boricuas nos ganan hoy, quítales la sección 8 y los cupones.” Esto es reflejo de un miedo que se cultiva desde pequeño. Recuerdo haber oído en la escuela primaria cuando hacían los simulacros de elecciones a compañeros que decían “votaría por los independentistas, pero sin E.E.U.U. P.R. se caería en cantos”. No sé cuán legítima sea esa preocupación y tampoco tengo el espacio para abundar aquí, pero sí creo que una cesión abrupta desestabilizaría a P.R. dado el nivel de estrechez que existe entre los organismos federales y estatales y dado que transferencias federales constituyen más del veinte por ciento del ingreso personal en P.R. No obstante, el miedo de cualquier tipo no debe impedir que se considere la viabilidad de otros arreglos de estatus más progresistas independientemente del lado del espectro al cual tiendan. Es imprescindible que se optimice el arreglo actual a la vez que se analiza si otros arreglos institucionales serían más provechosos; hace falta más pragmatismo.

En el último “meme” que examiné aparece el equipo de Puerto Rico celebrando acompañado por el texto: “Si fuésemos estado, esto no hubiese ocurrido”. Esto se refiere a la resistencia del puertorriqueño a tener que ceder la representación nacional en el ámbito internacional a cambio de la estadidad. Basta con ver el desborde de alegría cuando reciben a uno de los suyos tras una victoria deportiva, por ejemplo, para apreciar cuánto es valorada. Cuando José Juan Barea, baloncelista de los Minnesota Timberwolves y anteriormente de los Dallas Mavericks, ganó el campeonato de la NBA junto con los Mavericks en el 2011, la conmoción en Puerto Rico fue algo descomunal. El líder Independentista Fernando Martín opinó al respecto en una entrevista radial que la reacción de Puerto Rico fue una propia de una nación desesperada que busca arrimarse a cualquier figura que le dé destaque, una nación que ansía afirmarse en la forma de un estado soberano.  Entonces, ¿no nos alegraríamos por J.J. Barea si P.R. fuera un estado de E.E.U.U? ¿Se trata sólo de ensalzar el nombre de Puerto Rico con lauros y trofeos? He oído al típico independentista decir “¡ay qué horrible si Puerto Rico fuera un estado! Sería bueno preguntarle por qué.  Estoy seguro que muchos señalarían que se perdería el carácter nacional o la cultura al ser anexado. Yo no creo que la cultura se comporte así.

Estoy consciente que pueden haber instituciones rígidas y ciertos agentes con intereses en promover alguna de las alternativas de estatus; independientemente de ello, creo que el World Baseball Classic nos da una oportunidad para discutir cómo la gente se siente respecto a la relación con E.E.U.U., cosa que es interesante aun si no es su sentir en sí lo que mueve las cosas.

Influencias:

Geigel, Wilfredo A. ¿Es Puerto Rico Una Nación?: El Dilema De Los Estados Unidos. Hato Rey, P.R.: Publicaciones Puertorriqueñas, 2001.

Jiménez Román, Miriam. “Boricuas vs. Nuyoricans- Indeed!” Revista Harvard Review of Latin America (2008): n. pag. Web.

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