Ecuador

Escrito por Érida Tosini-Corea

Hace dos semanas tuve el privilegio de viajar a Ecuador con la organización estudiantil GEQUA.   El propósito de nuestra organización es aprender sobre las condiciones de las mujeres en Ecuador, para así poder apoyar de una manera efectiva las organizaciones que están peleando para asegurar sus derechos a una vida digna y respetada.

Colaborando con la fundación Brethren y Unida, nos empeñamos a tratar de entender lo más posible sobre su historia, su situación política y económica antes de partir a Ecuador.  Sin embargo, hay cosas que uno sólo puede aprender ya estando en el país, hablado con gente, viendo la realidad con tus propios ojos.

La fundación trabaja principalmente con trabajo agroecológico, y al llegar a Picalquí, donde estuvimos situados, el grupo se comenzó a preguntar, ¿qué tiene que ver la agroecología con los derechos de las mujeres? Esta pregunta no tiene una repuesta clara e inmediata, pero a través de la semana, comenzamos a entender la conexión entre los derechos de la tierra y los derechos de las mujeres.

Primero tuvimos que aprender un poco más sobre los cambios políticos que Ecuador ha vivido durante los últimos años.  Muchos han halagado al gobierno de Correa por instituir programas de beneficios sociales.  Tiene sus aciertos, pero también tienen consecuencias: Correa ha implementado una forma de “modernización” en el Ecuador que depende de  las industrias extractivas, las cuales dañan al medio ambiente y tienen poco respeto por los derechos de los trabajadores.  Viajando de Picalqui a Oyacachi, nosotros nos quedamos sorprendidos por las florícolas que dominaban el horizonte, y las fábricas de productos extranjeros que aparecían frecuentemente al lado de la carretera.

A la misma vez, el gobierno ecuatoriano ha disminuido la cantidad de NGOs permitidos dentro del país, y ha eliminado a cualquier organización que propone ideas que el gobierno considera en contra de su misión.  Entonces, las organizaciones con objetivos medioambientales (como la Brethren y Unida) han sido atacadas económicamente: el gobierno ha impuesto restricciones en métodos para recaudar fondos para estas organizaciones.  El gobierno no solamente ha complicado aquellos medios financieros, sino que también cualquier apoyo internacional hacia comunidades dentro del país ha disminuido gracias a estadísticas estatales (posiblemente fabricadas) que alegan grandes reducciones en la pobreza de el país.

Lo que no dicen las estadísticas es que las personas más pobres,  la mayoría mujeres indígenas de zonas rurales, no se han beneficiado de los programas del gobierno.  Es más, están sufriendo por la explotación de parte de las industrias extractivas protegidas por el gobierno.  La negligencia del cuidado de la naturaleza también termina afectando a estas mujeres, porque sin protección, el terreno queda destruido y esto afecta la capacidad de familias campesinas para mantenerse.

Durante aquella semana conocimos a varias líderes de las comunidades alrededor de Picalquí.  La mujeres trabajaban en escuelas y la educación y salud de sus niños era de mayor importancia.  Las mujeres trabajaban en colaboración con la Brethren y Unida, y nos hablaron de la importancia de respetar y conservar a la naturaleza como manera de proveer comida y una vida saludable para sus niños.  Veían a su trabajo como una parte complementaria al trabajo de la fundación, todos con la misma meta.

Nos tomó una semana pero al final comenzamos a ver la conexión entre la agroecología y las mujeres.  Son dos partes de un movimiento holístico para una vida digna y saludable que beneficia a los mas marginados de la sociedad.   En trabajar para mejoramiento del medioambiente, estamos trabajando para una mejor vida para mujeres campesinas; de manera que pueden tener mejor comida para nutrir a su familia, y mejor ingreso económico para que puedan asumir posiciones de liderazgo en su comunidad.

Alfredo, el director de la fundación, nos dijo una noche durante nuestra estadio, “Los grupos feministas nos pidieron que hablemos de la tierra como un ser femenino, como la madre tierra”.  Esta conexión no solo está presente en su retórica, pero también en su trabajo, el cual alinea los derechos de las mujeres con los derechos de la naturaleza, considerados igualmente importantes para la prosperidad de la comunidad, del país, y del mundo.

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