Serie Onírica II

Me escurría por el piso como un gusano por la brea untuosa que se aferraba a mí.

En un arranque de rabia quise desprenderme de la brea y lancé la pintura hacia las paredes que quedaron embarradas de negro y azul.

Ya de pie, lapacheaba como un niño en el charco de pintura, salpicaba las paredes y dejaba los rastros de mis manos en las paredes de esa celda, estéril y blanca, blanquísima.

Brotó hipoclorito de sodio del monitoWr de mi computadora. Se derramó sobre mis libros, ensayos y todo lo que había sobre mi escritorio. Se vertió sobre la silla, se escurrió por las patas, recorrió el suelo y ascendió por las paredes, quedando todo perfectamente desteñido.

La celda con todo su hastío se estremeció y quedó desbocada ante la ciudad del anónimo gentío: justo al frente Central Park; al oeste el Hudson; al sur los monolitos.

Manuel me llamó de la cocina. Le pregunté: ¿Cuál es la mejor manera de preparar los vegetales? -Pues, los sarteas rápido en un wok con un poco de aceite y a fuego alto. Él intento conectarse al wifi, pero no pudo.

-Qué pésimo el internet de Columbia, exclamó. -Cierto es.

Soñado el 12 de abril de 2012

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