Esquina Cultural: Las estaciones del corazón (Continuación)

Foto de Wikimedia Commons: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:San_Francisco_Chinameca.jpg

III. El verano (infinito)

Pero lo que es sucio y viejo, y que otras personas ignoran, contiene algunas de las memorias más ricas y bellas. Recogió la maleta del suelo y volvió al asiento. Cerró los ojos y sintió el movimiento del tren, recordando con urgencia del presente: en las montanas de El Salvador, un joven tiene la paz de las hojas verdes en los ojos, y su boca la sonrisa de la primavera verdadera. Sus pies están enrazadas en la tierra con las plantas, con el campo y el trigo, el maíz. Desahoga el sudor en el campo y los músculos se cansan, y trabaja hasta no poder sentir la pena en los dedos, en la espalda, en las piernas.

Entonces no puede sentir el cuerpo, solo se mueve con el ritmo del crecimiento retumbando en su corazón. Puede empezar a bailar, y entonces baila con el conocimiento de los arboles y la sabiduría de las hormigas en el polvo bajo sus zapatos. Siembra la belleza de su baile en la tierra de los corazones de los que le miran.

De repente el tren paró y el decidió asegura- rse que tenía todos los papeles en su maleta. Se dio cuenta de que tenía un papel nuevo, en la escritura delgada, de trazo poco firme. Cuando lo leyó, sonrió con el entendimiento de uno que ha encontrado el eco de su propia voz en el caos del mundo.

Emily Niel

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